viernes, 6 de julio de 2012

El mundo mítico de Sergio Galindo.



OTILIA RAUDA

SERGIO GALINDO

Reseña del Profr. Abelardo Reyes.


Dentro de la novelística mexicana contemporánea, la novela Otilia Rauda destaca por su sencillez y su eficacia narrativa. En ella vuelve a sentirse esa característica de los textos clásicos que consiste en dar una visión del mundo y conmover a  través de la historia misma, sin recovecos.
Otilia, además, es un personaje único en las letras. Encarna la heroína de personalidad ambivalente (hombruna, es sus actitudes y de una sensualidad muy femenina a pesar de su horrible cicatriz en la cara.)  Cuya historia de amor rabioso, la maledicencia de un pueblo lleno de envidia y mojigatería y la decadencia de una dictadura.
Otilia Rauda, es una novela que nos trasporta a un mundo trasformado por los ojos del escritor: Las Vigas, pueblo real y mítico está lleno de prejuicios religiosos y sociales. Otilia rompe reglas, desafía y reta a toda la sociedad de su entorno.  Ella es un personaje sensual pero que enloquece cuando no logra sus objetivos. Decidida sucumbe ante lo que no puede controlar: el amor no correspondido. 
Esta novela, junto con El bordo, representan el universo creado por Sergio Galindo a partir de los recuerdos de su infancia y transformados en míticos lugares donde los personajes sufren el arrebato de sus pasiones.


Esta novela fue adaptada al cine a finales del siglo XX. 


Sergio Galindo (Xalapa, 1926, Veracruz, 1993) fue autor de una obra prolongada y desigual que comprende más de media docena de novelas y cuatro libros de cuentos. Al recorrer su trayectoria literaria, una de las primeras cosas que llama la atención es la constancia de su vocación. Con mayor o menor fortuna, Galindo no dejó de escribir desde su adolescencia hasta sus últimos años (desde su primera novela, Por un error, que escribió cuando tenía dieciocho y mantuvo inédita, hasta Las esquinas oscuras, que dejó inconclusa). "El escritor nace como tal –declaró alguna vez–, debe luchar a costa de lo que sea por serlo. Hacer a un lado los obstáculos que se lo impidan, y ser fiel a su vocación de escritor."

La obra galindiana conoció diversos registros. Heredera del realismo europeo (de Galdós a E.M. Forster), no ignoró las posibilidades de lo fantástico (sobre todo los cuentos).
En el panorama de la narrativa mexicana que va, digamos, de los sesenta a los ochenta, ocupa un lugar único. Mientras la influencia de veleidades como el nouveau roman y otros experimentalismos efímeros, o el afán de imitar a algún autor del boom hacían estragos por todas partes, Galindo optó en sus mejores momentos por un sobrio realismo y una sutil veta fantástica. No fue nunca, no quiso ser, un escritor de moda. En este sentido, su biografía tampoco ayudaba. Su vida transcurrió básicamente entre Xalapa y México, donde desempeñó diversos cargos en la burocracia cultural y universitaria (en ellos llevó a cabo una labor notable, sobre todo al frente de la editorial de la Universidad Veracruzana, pero no son ésos los méritos que interesan ahora). En 1975 fue hecho miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, distinción que, convengamos, no es necesariamente buena para la fama de escritor (en su discurso de ingreso leyó el extraordinario El hombre de los hongos, que seguramente debió desconcertar a más de un respetable académico). Al final de su vida recibió algunos premios y reconocimientos. Ajeno al glamour que rodeaba a cierta literatura latinoamericana de aquella época, Galindo eligió otra cosa: el ejercicio paciente y solitario de la escritura

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